LO MEJOR DE LA SEMANA

CONOCE MONTORO

Antonio Delgado Garcia.
Extraído del libro Descubrir Montoro. 2012
Introducción
Montoro, declarado Conjunto Histórico por Decreto número 1230, de 6 de junio de 1969 (BOE, número 150, de 24 de junio de 1969) fue el primer pueblo de la provincia de Córdoba que alcanzó tal distinción.
En Andalucía, con más de un centenar largo de Conjuntos Históricos, Montoro ocupa el décimo lugar por la fecha en la que se otorgó tal título y figura en un puesto privilegiado entre todos los pueblos que conforman España.
Es uno de los enclaves de mayor interés arquitectónico de Andalucía, por la singularidad de su implantación urbana y sus valores paisajísticos, así como por la importancia y significación de su arquitectura popular y monumental.
Su valor arquitectónico se apoya no solo en la existencia de una serie de edificios notables, sino en la suma de un caserío sencillo pero muy armónico en conjunción con el viario y los valores paisajísticos.
El Conjunto Histórico de Montoro viene a coincidir con la ciudad construida hasta principios del siglo XX. Su Plan Especial de Protección y el Catálogo, que fue aprobado el 27 de enero de 1995, abarca la totalidad del Conjunto Histórico-Artístico, comprendiendo las márgenes y meandro del río, el puente y el arrabal histórico del barrio del Retamar.
El auge del turismo y especialmente el interés de los propios montoreños, cuya sensibilidad me gustaría ver incrementada especialmente sus autoridades a la hora de preservar y conservar el impresionante patrimonio histórico con que cuenta el pueblo, creo que justifica poner a su disposición un elemento de orientación y apoyo como podría ser esta Guía.
Parroquia de San Bartolomé. Fuente: Pedro J. Delgado
La finalidad perseguida con este trabajo no ha sido otra que la de procurar llenar el vacío que ha representado no poder disponer de una publicación que, de una manera breve, sencilla y ordenada fuera capaz de ofrecer una visión totalizadora del tejido urbano montoreño y de sus monumentos.
Para ello, forzosamente, he tenido que llevar a cabo una selección de los elementos más interesantes de la arquitectura de lugar, recogiendo los datos más relevantes de forma concisa, facilitando su consulta y graduando siempre el espacio que se le dedica en función de la importancia del elemento que se considera.
La única excepción a la pretendida brevedad viene representada por la serie de datos que se recogen en el apunte histórico, pero todo por razones obvias, pues parece conveniente que quien pretenda conocer un lugar disponga de los adecuados elementos de juicio.
Como podrá comprobar el lector, en cada itinerario, el último elemento tomado en consideración se encuentra próximo al primero del siguiente, de manera que el paseo pueda desarrollarse de forma lógica y sin interrupción.
La visita a través del itinerario previsto se lleva a cabo tomando como punto de partida sus plazas, siete, y sus calles más interesantes tanto si parten o afluyen como si no a tales espacios públicos.
Tal itinerario está pensado para pa-se-ar, atención al subrayado, en un todo conforme con lo que sostiene un buen amigo para quien Montoro no es un pueblo para ser recorrido, sino para ser paseado, pues es indudable que como mejor se descubre la historia es caminando sin prisa alguna por sus calles y plazas, contemplando sus monumentos y edificios y palpando y sintiendo sus piedras.
Estaría enteramente cumplido el propósito que me lleva a publicar este trabajo si llegara a resultar un instrumento útil para el conocimiento del hecho urbano y arquitectónico de Montoro y sirviera de manera eficaz al disfrute de los moradores y visitantes de este hermoso pueblo.
Manejo de esta Guía.
Para la escritura, uso de esta guía y conocimiento de los monumentos, casas solariegas y otros elementos de interés, he creído oportuno, mejor que alfabetizarlos o describirlos según el tipo de arquitectura (civil, religiosa, militar, etc.) historiarlos a partir de considerar las plazas y las calles que los albergan.
Por lo que respecta a las plazas, de las que vamos a considerar prácticamente todas, hasta siete, no cabe la menor duda de que son tres las que más destacan del tejido urbano de Montoro, que, por orden de antigüedad y a medida que se desciende en altura, son las plazas de Santa María de la Mota, de España y del Charco.
Dispersas las plazas por toda la geografía urbana y siendo muy diversas entre sí, por ser cada una hija de su tiempo, ofrecen la particularidad de que tres de ellas (Santa María de la Mota, de España y de Jesús Nazareno) están muy próximas; otras tres (San Miguel, Hijas de la Caridad -antigua plazuela del Humo- y Charco) están escasamente distantes entre ellas mismas y aquellas; y sólo una (San Sebastián, que se adivina, aunque ya no existe como tal) situada en el extremo sur, está más alejada.
Plaza de Jesús Nazareno la mañana del Viernes Santo. Fuente: Francisco Aguilar
Cada una de ellas mantiene su inconfundible personalidad. Recatadas y constituyendo un remanso de paz (Santa María y San Miguel), recorridas por la prisa de la actividad cotidiana y asomadas al tráfico (España, Jesús Nazareno, Hijas de la Caridad y Charco) y tangentes a aquél (San Sebastián), como hemos dicho, ya desaparecida, por más que sean visibles las huellas de un pasado todavía relativamente reciente.
Así las cosas, tras reflexionar largamente acerca de cuál podría ser la metodología más adecuada para conocer en profundidad los rincones de mayor interés, por razones de índole práctica y por su extremada sencillez, he optado por organizar y trazar siete itinerarios que parten de otras tantas plazas y abarcan las calles con más historia.
Tales itinerarios dispuestos de norte a sur y de este a oeste parten de las siguientes plazas y comprenden las calles que más adelante se nombran.
Plaza de Santa María.
Plaza de España.
Plaza de Jesús Nazareno.
Plaza de San Miguel.
Plaza de las Hijas de la Caridad.
Plaza del Charco.
Plazuela de San Sebastián, hoy, inexistente.
También, al final de la guía, se incluyen dos índices, uno, toponímico, y otro, onomástico, que servirán de ayuda al lector.
Y como es hora de ir terminando, obligado resulta no dejar pasar por alto el capítulo de agradecimientos, todos de naturaleza individual, debiendo recordar en este momento sin orden de prioridades a mis amigos Juan Galán, Pedro Luís Rueda, Bartolomé Márquez, Bartolomé Yépez, Martín Calero, Andrés Díaz y algún otro que si lo he olvidado ha sido involuntariamente. Para todos ellos mi profunda gratitud.

APUNTE HISTÓRICO
-Origen y asentamiento
Con independencia de que los primitivos pobladores de Montoro habitaran hace miles de años en las cuevas de la sierra, existen datos aislados que confirman la presencia humana en lo que hoy es la ciudad, como lo demuestran las hachas neolíticas del V milenio a. C. encontradas en el cerro del Palomarejo.
La arqueología ha permitido llegar hasta el segundo milenio a.C. en el conocimiento de los primeros asentamientos humanos ubicados en aquel cerro y en el frontero y gemelo del Llanete de los Moros, en un momento avanzado del Calcolítico, que abarca el tercer milenio y los comienzos del segundo a.C.
Peine encontrado en el Llanete de los Moros. Expuesto actualmente
en el Museo Arqueológico de Córdoba.
El apogeo de tal asentamiento se inicia con el Bronce Final (1100-950 a.C.) que es cuando empieza la Protohistoria montoreña para consolidarse y constituir más tarde un importante núcleo ibero-turdetano hasta enlazar con la romanización, que se inicia a finales del siglo III (años 206-205 a.C.).
Las primeras noticias de asentamientos humanos en ese promontorio enmarcado por el meandro que forma el río Guadalquivir datan del Calcolítico, momento en el que se tiene constancia de restos de poblados, con cabañas circulares de piedra, en la zona actualmente conocida como "El Llanete de los Moros".
En este emplazamiento primitivo el núcleo de población debió ser escaso y será con la cultura ibérica y principalmente con la romana, cuando ese primitivo núcleo urbano se amplíe y se ubique en el cerro conocido como "El Palomarejo".

-Montoro prerromano
Desde que los primitivos pobladores se establecieron en los cerros amesetados de “El Llanete de los Moros” y “El Palomarejo”, el solar montoreño ha sido asiento de distintos pueblos y civilizaciones (fenicios, griegos, romanos, cartagineses, visigodos, árabes y los propios castellanos) que han ido dejado su impronta en el pueblo y de los que se conservan vestigios.
Su privilegiado emplazamiento, que tanto debió facilitar las tareas defensivas a sus pobladores, explica que, desde siempre, se haya configurado como una ciudad fortaleza codiciada por cuantas civilizaciones se asentaron en el solar montoreño.
Durante los siglos VIII-VII a. C. los hallazgos de cerámica bruñida, hecha a mano, en el “Llanete de los Moros” y en “El Palomarejo”, atestiguan la existencia de un pequeño núcleo preurbano estable. Este poblado del Bronce final se prolongó hasta la romanización.
La arqueología y las fuentes escritas evidencian cómo durante los siglos VII-VI a.C., los indígenas entraron en contacto con el mundo colonial fenicio. A cambio de minerales (oro, plata, estaño y cobre) ofrecían aceite, vino y mercancías de lujo.
Asimismo, tampoco hay que olvidar la presencia colonial de los griegos en la primera mitad del siglo VI a.C., que se afianza en el siglo V a.C., hasta llegar a los siglos IV-III a.C. en los que irrumpe con fuerza la presencia militar y comercial cartaginesa.
Hasta aquí hemos aludido casi siempre al poblado prerromano de Montoro, sin identificarlo ni atribuirle nombre conocido. El nombre de Épora quizá lo tuvo en la antigüedad, antes de la romanización.
Desde luego lo que parece estar claro es que el nombre de Epora no es romano, pues ya hubo asentamiento humano antes de la llegada de los romanos en el siglo III a.C., pero sin que tampoco haya razón para asegurar que sea nombre de origen griego.
Lo que sí es cierto es que la Épora romana aparece mencionada en la Historia Natural, de Plinio (siglo I d.C.) contándola entre las ciudades pertenecientes al “conventus cordubensis”, distrito jurídico romano, cuya capital radicaba en Corduba.
Posiblemente, el antiguo nombre indígena se conservó en época romana, con el añadido de “foederatorum”, con el que se aludía a la condición político-administrativa con la que Epora se incorporó a la órbita de Roma.

-Montoro romano
Ya Plinio cita a Épora en alguna de sus obras, como una de las tres ciudades federadas con Roma, junto con Gades (Cádiz) y Malaca (Málaga) que mantendrían su autonomía incluso durante el proceso de la conquista romana.
Puente romano ubicado en el término municipal de Montoro
La romanización se inicia a finales del siglo III a.C. con la participación de Montoro en las guerras púnicas, lo que conllevó la firma de un “foedus” o tratado de alianza con Roma hacia el año 206 a.C. adquiriendo entonces la categoría de ciudad federada, rango que mantuvo hasta la época del emperador Augusto para convertirse posteriormente en municipio.
Como aliada de Roma gozaba de gran autonomía y mantenía su organización administrativa, estando sus habitantes exentos de servir en el ejército, gozando de inmunidades y gobernándose por sus propias leyes hasta el extremo, según parece, de tener derecho a acuñar moneda.
La epigrafía representa una de las fuentes más importantes para el conocimiento de la Épora romana por la gran cantidad de inscripciones aparecidas en calles y plazas y por otras conservadas en los museos arqueológicos de Montoro y Córdoba, así como por hallazgos monetarios depositados en el museo de la capital.
Thoracata conservada en el Museo Arqueológico de Montoro
A lo anterior habría que añadir, algunos restos de murallas, el discurrir de tramos de dos importantes vías, Augusta y Épora-Solia, con la localización reciente de un puente de un solo arco de medio punto, fechable en el siglo I, sobre el que discurría la primera.
De la importancia de Montoro en esta época dan fe los hallazgos monetarios. Y así de la fase republicana se encontraron dos tesorillos. El primero, hallado en 1936 se componía de 25 denarios que son de los años 206 a 61 a.C. El segundo, del que se conservan 35 piezas, también denarios, encontrado en 1988, se data entre los años 211-56 Finalmente, un tercer tesoro compuesto de 3.771 monedas tardoromanas y bizantinas, con representaciones de los emperadores Graciano, Valentiniano II, Teodosio, Magno Máximo Honorio, fueron halladas en 1977 con motivo de unas obras realizadas para la construcción de viviendas en la Avenida de Cervantes, situada entre los yacimientos del “Llanete de los Moros” y de “El Palomarejo”.
Se ha dicho que los tres tesoros se encuentran en el museo arqueológico de Córdoba, pero sólo el último está depositado en el museo cordobés, pues los otros dos, si bien se hallaron en Montoro, pertenecen a colecciones particulares.
La Épora romana se caracterizó por la explotación de las minas de plomo y cobre, por el cultivo de los cereales y el olivo, por la ganadería extensiva y la caza.
A título de curiosidad, reproducimos a continuación una inscripción que se halla en la fachada de la iglesia de San Miguel, de Villanueva de Córdoba. Dice así:
Trifinium in(ter sacilienses, eporense(s), solienses
ex sentent(ia) ivlii proculi ivdic(is)
confirmatum ab/ imp. caesare/ hadriano/ avg.
Trifinio entre los Sacilienses, Eporenses y Solienses confirmada por el emperador Cesar Adriano Augusto con arreglo a la sentencia del juez Julio Próculo, en el año 123 de nuestra Era.
Esta piedra fue hallada a mediados del siglo XVI y fue mojón en el deslinde de los términos de tres poblaciones romanas: Sacilis Martialis (Pedro-Abad) Épora (Montoro) y Solia (Majadaiglesia).
Lápida visigoda en la fachada de la Iglesia de San Bartolomé de Montoro
-Montoro visigodo
Tras las invasiones bárbaras con entrada en la Península en el año 409, se produce la llegada de los visigodos (año 415) de cuya presencia solo quedan como testimonio algunas inscripciones sepulcrales, permaneciendo Montoro, según algunos autores, fiel a Roma, al menos hasta el reinado de Leovigildo, conquistador de Córdoba, en el año 572.
De esta época se conservan en el museo arqueológico de Córdoba, procedentes de Montoro, algunos objetos: una jarrita litúrgica en bronce, un tenante de ara de altar, así como un ara de piedra caliza, y en la actual sede del museo arqueológico montoreño, algún que otro capitel. También se conservan algunas inscripciones.

-Montoro bajo la dominación árabe
La gran importancia que tuvo la Épora romana desaparece con la llega de los árabes, a los que abrió sus puertas en marzo o abril del año 711, quienes al observar su excelente situación estratégica y su posición dominante, se establecieron en la ciudad, reedificando la muralla destruida por los invasores bárbaros y construyendo una alcazaba en el punto más elevado, fortaleza conocida después de la reconquista con el nombre de Santa María de la Mota.
Aunque se ha llegado a decir que de esta época hubo tantas o más memorias que de la romana, lo cierto es que, si las hubo, no se han conservado. Lo que sí puede asegurarse es que el mundo árabe trajo una consolidación de Montoro, ampliándose sus murallas en toda la zona norte, siendo de esta época, la fortaleza y la mezquita que existían en la Mota, nombre con el que se conoce la elevación natural más al norte de la población.
También se reedifica el castillo de la Cava o castillo de Julia y se abren una serie de puertas, Cruz Chiquita, Portichuelo (Arrabal) Torremocha y Pescadores, de las que eran baluartes defensivos las torres de la Coracha, las Grajas, los Laras y la propia Mocha.
La fortaleza Nueva, castillo de la Cava o de Julia, se levantó sobre ruinas romanas en la zona que en el siglo XVI recibiría el nombre de cerro de la Muela, y se le llamaba así para distinguirla de la de Santa María de la Mota, que era la Fortaleza Vieja.
La primera, fue una de las principales defensas de la población reparada después de la conquista de Montoro por los cristianos, subsistiendo hasta el siglo XVII, ordenando el ayuntamiento en 1865 la demolición del resto de la muralla del Castillo de Julia, hallándose ante su puerta la inscripción fracturada referente a la República Eporense, que está en el lado izquierdo de la fachada de las Casas Capitulares
De esta época data el trazado urbano de las calles que comprenden la zona que desde la Mota se expande hacia el río, todas ellas de gran pendiente y muy estrechas y sinuosas, teniéndose constancia de la existencia de un puente, razón por la que algunas crónicas árabes nombran a Montoro como Kántar-Estesan. La dominación árabe se prolongaría durante cinco siglos.
Plaza de Santa Maria de la Mota
-Montoro bajomedieval (siglos XIII, XIV y XV)
La conquista cristiana de Montoro se produce en el siglo XII con una primera toma por el emperador Alfonso VII (1126-1157) que le puso el nombre de Monte de Toro y se tituló rey de la ciudad.
Sucesivamente sería ganada por los árabes y perdida en 1158 por el rey Sancho III, hijo de Alfonso VII, hasta su reconquista definitiva en tiempos de Fernando III, el Santo.
Entre febrero de 1240 y marzo de 1241, Fernando III permanece en Córdoba, período en el que Montoro pasó a manos cristianas, por lo que habría que descartar, primero, otras fechas que se han dado (1236, 1237 y 1238) y después, al haberse entregado por pacto, negar toda credibilidad al episodio tomado de la tradición de que la ciudad se rindió tras un largo asedio de varios días, por la fuerza de las armas, al capitán Domingo de Lara, el 24 de agosto de 1238.
Con la reconquista de Fernando III se puso fin a cinco siglos de dominación musulmana y desde el 20 de febrero de 1245 la ciudad perteneció a la corona de Castilla, bajo la jurisdicción de Córdoba, de la que permaneció dependiente hasta el siglo XVII.
Sobre la antigua mezquita que existía dentro de los muros de la fortaleza se alzó la ermita de Santa María del Castillo, la primitiva iglesia y el templo más antiguo de Montoro, bajo la advocación de San Bartolomé, en la actualidad, sede del museo arqueológico de la ciudad desde 1996.
Durante los reinados de Juan II y Enrique IV, nacieron y vivieron dos destacados montoreños, el poeta, Antón de Montoro -cuyo nombre lleva la antigua calle Reforma- y el pintor, Antón Rodríguez, respectivamente, debiendo lamentar que, a pesar de figurar en un documento del año 1465, como destacado artista, no se hayan podido encontrar más datos sobre este último.
Durante el reinado de los Reyes Católicos, conoció Montoro una época de expansión, formándose entonces varias de las calles más importantes, El Santo, A.E. Gómez, General Castaños, etc. otorgándosele el 13 de julio de 1501, el privilegio por la construcción del puente, en la que tuvo una destacada intervención el cantero local, Pedro Fernández.
Vista nocturna del Puente Mayor de Montoro. Fuente: Antonio Alcalá
Reinando tales monarcas se levantó la actual parroquia de San Bartolomé, que se empezó a construir en tiempos del obispo Íñigo Manrique (1486-1496) cuyas armas figuran en la fachada principal, iglesia que ha sido inscrita en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, con la categoría de monumento (Orden de 4 de octubre de 2002 de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía).
También fueron construidas en el siglo XVI la iglesia de San Juan de Letrán, antigua ermita, filial de San Bartolomé, y la iglesia de San Sebastián, filial del Carmen, templo que jugó un importantísimo papel durante la epidemia de peste de 1583.

-Montoro en la Edad Moderna (siglos XVI, XVII y XVIII)
A principios del siglo XVI, se plantaron gran cantidad de olivos en todo el término municipal, de modo que a finales del siglo XVIII, Montoro contaba con más de 20.000 fanegas dedicadas a tal cultivo.
De los reinados de Carlos I y Felipe II, diremos que del primero se conservan en el archivo histórico dos documentos de los años 1540 y 1541 y que de su tiempo data la construcción de la iglesia de Santiago, y en cuanto a Felipe II, que durante su reinado surgen las primeras cofradías de la Semana Santa montoreña.
En el siglo XVII, tienen lugar los reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, destacando durante el reinado del primero un importantísimo pintor barroco nacido en Montoro, Bartolomé Román (Montoro,1587-Madrid,1647) discípulo del pintor florentino Vicente Carducho, la construcción del primer cuerpo de las Casas Capitulares (el segundo cuerpo es del siglo XVIII, concretamente, de 1702) y de la Cárcel Real.
Arco de la cárcel en la noche de Padre Jesús, construido durante el reinado de Carlos III
Fuente: Juan Carlos Albuera Morales
Bajo Felipe IV, Montoro dejó de pertenecer a la jurisdicción de Córdoba, comprando en 1633 su libertad en la cantidad de 30 millones de maravedís, aunque 25 años después, tras revertir de nuevo la jurisdicción al rey, este la vendió en 1658 al marqués del Carpio, Conde Duque de Olivares, Luís Méndez de Haro, en la suma de 208.462 ducados.
Más tarde, a mediados del siglo XVII, se edifica por el gremio de arrieros la ermita de San Miguel.
Lo más reseñable del reinado de Carlos II es la fundación por el Cardenal Salazar del Hospital Jesús Nazareno, del convento de los Carmelitas Descalzos bajo la advocación de San Juan de la Cruz y la construcción de la iglesia que se concluyó reinando Felipe V y se inauguró en 1747 durante el reinado de Fernando VI.
En el siglo XVIII, reinando Felipe V, nace Juan Beltrán Valenzuela, jesuita, primer historiador local, autor de la importante obra, “Epora Ilustrada” (1755) se realiza el primer censo de población (1718) y se construye la casa de los Palcos, una de las más importantes mansiones solariegas de Montoro.
Finalmente, en tiempos de Carlos III se construyó el Arco, popularmente llamado de Jesús, la Casa Tercia, el Colegio de las Niñas Educandas, fundado en 1764, y la ermita de San Jacinto, hoy sede del museo del pintor local, Antonio Rodríguez Luna. También de esta época es la casa número 5 de la calle Luis Siles (1777) con una de las más bellas portadas que se conservan en la ciudad.

-Montoro en el siglo XIX
Por lo que atañe a Montoro, el siglo se iniciaría con el estallido de la Guerra de la Independencia (1808-1814) constituyéndose la Junta de Gobierno, presidida por el alcalde, Juan María de la Torre, siendo muchos los montoreños que se alistaron para combatir a los invasores, a los que hostilizaron continuamente y que terminarían siendo derrotados en Bailén el 19 de julio de 1808.
Para premiar los muchos y extraordinarios servicios prestados, la Junta Suprema de Gobierno de España e Indias otorgó a Montoro el día 8 de agosto de 1808, el título de ciudad con los apelativos de “Noble, Leal y Patriótica”.
El 6 de mayo de 1810 visitó Montoro el rey intruso, José Napoleón, convirtiendo en auxiliares de la parroquia de San Bartolomé, la iglesia del convento de San Juan de la Cruz y la ermita de San Sebastián.
Tras la derrota de los franceses en Arapiles y levantarse el cerco de Cádiz, el día 3 de septiembre abandonaron los invasores Córdoba, llegando el día 4 las tropas españolas a Montoro, poniendo fin a una ocupación que se había prolongado 2 años y 8 meses.
Al año siguiente, 1813, Montoro solicitó el día 7 de septiembre al gobierno de la nación, pasar a formar otro partido, separándose de Bujalance, en atención a tener mayor población y pagar contribuciones más elevadas.
Repuesto en el trono Fernando VII, tras abolir la Constitución de 1812, Montoro fue una de las primeras ciudades en proclamar el régimen absolutista, produciéndose graves desórdenes y el episodio del arranque de la lápida de la Constitución, si bien en 1820, elegido un nuevo ayuntamiento, se acordó publicar la Constitución y colocar una lápida en la fachada de las Casas Capitulares.
En 1821, se produjo una fuerte crecida del río, que destruyó gran parte del murallón de la Ribera, estando a punto de cegarse los ojos del puente, temiéndose que fuera arrastrado por el ímpetu de las aguas.
Fuente de la Segadora, colocada a finales del S.XIX
Fuente: Antonio Madueño.
Lo más destacado del reinado de Isabel II puede resumirse así. Una tremenda sequía (1834) una epidemia de cólera morbo asiático que causó entre 450-500 muertos en una ciudad que tenía entonces unos 10.000 habitantes, el aumento de ladrones y malhechores con oleadas de robos, la promulgación de la Constitución de Cádiz, el arreglo de los baños de Arenosillo, el establecimiento de una Casa de Expósitos en el hospital Jesús Nazareno, la construcción de los puentes de Arenoso y Corcomé, las obras de mejora y nueva construcción de la fuente de la Oliva (1853) y la inauguración del ferrocarril de Montoro a Córdoba el día 8 de septiembre de 1865.
En 1868, estalla la revolución, formando Montoro su Junta el día 1 de octubre, se elige como cementerio el pago de la Montesina, que es lugar que hoy ocupa, se crea el colegio de San Francisco en la calle Manuel Criado Hoyo número 5, que proporcionaba a los alumnos educación completa hasta el Bachillerato, que más tarde, durante algunos meses del curso 1873-74 albergaría un Instituto Libre de Segunda Enseñanza.
Producida la restauración monárquica en 1874, en Montoro que contaba entonces con 11.204 habitantes, habían dado comienzo las obras de construcción del nuevo cementerio y se formaliza el contrato para el establecimiento de Telégrafos, se produce en 1876 la inauguración del Instituto Colegio de Segunda Enseñanza, se adopta el acuerdo de reparar el murallón de la calle Herrerías (entonces Cánovas) en la zona que asoma a la Redonda y al río, concluyen las obras de la plaza de toros (1883) y es designado ministro de Fomento el montoreño, Santos de Isasa Valseca.
Se encarga al ingeniero Lucas Mallada el proyecto general de abastecimiento de aguas a Montoro (1889) y ya en la década de los 90 culminan tales obras (1893) llegándose a principios de siglo con una grave crisis económica y social, agravada por la subida precios de los artículos de primera necesidad, lo que junto a las malas cosechas y escasez de alimentos propició la agitación campesina.

-Montoro contemporáneo, siglo XX
Durante el primer tercio del siglo XX se produce un gran auge del movimiento asociativo obrero, se aprueba el proyecto complementario de otro redactado 12 años antes, para la ampliación de las obras de abastecimiento de la ciudad con aguas procedentes del manantial de la Onza.
En el período 1910-1915 se produce una gran escasez de trigo, teniendo el ayuntamiento que recurrir a las obras públicas para proporcionar jornales y paliar la crisis, y un fenómeno hasta entonces desconocido, la aparición de las asociaciones de inspiración anarquista y socialista.
Próximos los años 30 se producen las huelgas de campesinos y obreros, que resultaron especialmente tumultuosas, sobresaliendo por estas fechas el literato campesino, Esteban Beltrán Morales, que fue destacado militante del partido republicano, como sus hermanos, fundador de una escuela laica adscrita al Círculo Republicano, y que como se verá más adelante, publicó varias obras de gran éxito entre la clase obrera, como “Manolín”.
Plaza de España a inicios de los años treinta. Fuente: Archivo José Meroño. Fototeca Pasión por Montoro.
La dictadura de Primo de Rivera, que duraría algo más de 6 años, desde el golpe de estado del 13 de septiembre de 1923 hasta su dimisión el 28 de enero de 1930, se caracterizaría, entre otras cosas, por la fuerte represión ejercida contra los grupos radicales y los líderes sindicalistas completa con la censura de prensa.
Durante esta época se nombra director de la Banda municipal de música al montoreño Juan José Mohedo Canales (1924), que fue un brillante compositor. Se aprueba en 1927 un plan general de obras públicas que incluye la construcción de Grupos escolares, la ampliación del abastecimiento de agua potable y el adoquinado de las principales vías urbanas, el hospital es clasificado como establecimiento de beneficencia particular mixta (1928).
Más tarde, tras ser autorizada por las Diputación Provincial en plena dictadura primoriverista (1924) por Real Decreto del Ministerio de la Gobernación de 21 de abril de 1930, se declara a Cardeña como municipio independiente, formado por Azuel, las ventas del Charco y Cardeña, fijándose la capitalidad en este municipio.
Tras el fracaso político de la dictadura, las elecciones municipales del día 12 de abril, el 14 de abril de 1931 se proclamaría la República, abandonando el trono el rey Alfonso XIII.
alcaldes, siendo nombrado en dicho año como presidente del Tribunal Supremo de Justicia el ilustre montoreño, Diego Medina García,
A partir de 1934 y hasta 1936, Montoro tuvo hasta 9 alcaldes, siendo Diego Olaya Pabón (11 de mayo al 19 de julio) quien presidió la última sesión corporativa antes del estallido de la guerra civil.
Inmediatamente, el pueblo de Montoro se adhirió a la sublevación en las primeras horas de la mañana del día 19 de julio, que se dio por concluida ese mismo día a las 10.30 horas de la noche, reponiéndose el ayuntamiento del Frente Popular, con el alcalde, Francisco Ruiz Olaya, a la cabeza.
Solo unos días más tarde, el 22 de julio, estalló la revolución popular produciéndose sangrientas represalias que culminaron con el asalto a la cárcel situada en la calle Molino. Tras la evacuación de las milicias de la FAI en la Navidad de 1936 Montoro pasó definitivamente el 24 de diciembre a manos de las llamadas fuerzas nacionales.
Calle de Montoro a inicios de los años sesenta. Fuente: Archivo Diego Muñoz-Cobo
En 1937, tras haberse constituido una Comisión Gestora y nombrado alcalde, es cuando la actual plaza de España toma su nombre y se sustituyen los de algunas calles.
Durante la dictadura del general Franco (1936-1975) destacamos entre otros los siguientes acontecimientos: grave epidemia de sarna (1942) adopción del pueblo por el Jefe del Estado, que se prorrogaría durante 3 años y al que se renunciaría en 1950, enorme sequía (1945) recrudeciéndose la miseria y el hambre generalizada en todo el país, se lleva a cabo la construcción de los almacenes reguladores del entonces Sindicato Nacional del Olivo(1950) se instala el primer surtidor de gasoil y se inicia la repoblación con pinos de una zona del barrio del Retamar.
Asimismo, se adjudica provisionalmente la construcción de los Huertos Familiares (1951) se acomete la urbanización de la entonces plazuela del Humo, hoy, plaza de las Hijas de la Caridad, se crea la biblioteca municipal (1955) se nombra Hijo adoptivo de la ciudad, al sacerdote, don José Porcuna Lozano (1956) se adjudican las obras de construcción del mercado de abastos (1960) la creación de un Centro Libre reconocido de Enseñanza Media y se declaran festivos los días de los santos patronos, San Bartolomé y la Virgen del Rosario.
Termina la etapa con la reseña, entre otros, de los siguientes hechos: adjudicación de obras de pavimentación y alcantarillado de varias calles, de las obras de la Escuela de Aprendizaje Industrial (1967) se nombra músico honorario a perpetuidad a Pedro Vega Rojas (1967), fallece la hermana de la Caridad, Sor Josefa Artola, que había sido nombrada hija adoptiva de Montoro en 1950, imponiéndole su nombre a la hasta entonces calle Inclusa (1966) es declarado Montoro como Conjunto Histórico-Artístico (1969) y la ciudad se hermana con la de Antigua Guatemala de este país (1973).
A partir de la muerte del general Franco (1975) se inicia la transición a la democracia, convocándose las primeras elecciones democráticas en junio de 1977 y aprobándose la Constitución de 1978.
A nivel local, en sesión de 1 de febrero de 1976 toma posesión el nuevo alcalde, se acuerda destinar a museo arqueológico la antigua iglesia de Santa María de la Mota (1976) se aprueba el proyecto para la construcción del pantano de Martín Gonzalo (1978) se adjudican las obras del Centro de Salud y se reforma y amplía el hospital Jesús Nazareno(1980) se solicita la construcción de un Conservatorio Superior de Música (1982) se produce el nombramiento de Hija Adoptiva de la Congregación de las Hijas de la Caridad y se le da su nombre a una plaza (1985).
Recibe el rey el nombramiento de alcalde honorario y perpetuo (1986) se acuerda crear un museo arqueológico (1988) que sería inaugurado en 1992, se nombre hijo adoptivo a Matías Prats y alcalde honorario a título póstumo al que fue presidente del TS, Diego Medina García (1994) adquiere el ayuntamiento la Casa Tercia, que es declarada Bien de Interés Cultural (1996) la Huerta de la Isla (1997) y la Huerta Mayor (1998) acuerda el ayuntamiento construir en la primera un Jardín Arboretum y se decide la supresión del Pósito (1999) institución que contaba con más de 600 años de antigüedad.
OTROS DATOS DE INTERÉS 
El medio físico 
Desde sus orígenes, Montoro, dado su privilegiado emplazamiento en un elevado promontorio enmarcado por el meandro encajado del río Guadalquivir, tuvo el carácter de ciudad fortaleza. Hoy, sin embargo, es un pueblo con el cometido de ciudad puente a caballo entre la sierra y la campiña, que se extiende a ambas riberas del río. Está situado en las estribaciones de Sierra Morena, junto a la autovía de Andalucía y la línea férrea Madrid-Cádiz, en la margen izquierda del río, al noreste de la capital, de la que dista poco más de 40 kilómetros. 
Con una altitud de 185 metros, se levanta sobre cinco colinas, estando formada la ciudad por dos núcleos principales, el Montoro más antiguo y el barrio del Retamar, unidos ambos por un hermoso puente del siglo XV.
El sector histórico es su zona más característica que se complementa con el Retamar, al otro lado del río, cuyo proceso de expansión urbano permanece estancado. El sector más moderno, al Sur, nació a partir de la década de los años 40-50 del siglo pasado. Antes de la segregación de Cardeña, su término municipal tenía 1.092 kilómetros cuadrados, el más extenso de la provincia. En la actualidad, con 581,03, es el tercero, solo superado por los municipios de Hornachuelos y Fuente Obejuna. Surcan su territorio varios ríos y arroyos, todos ellos con desembocadura en el Guadalquivir, como los ríos Yeguas, Arenoso, Salado y Guadalmer, siendo los arroyos más importantes los de Arenosillo, Martín Gonzalo, Corcomé, Conejero, Rocines, Ventanillas, Pajareros, Tamujoso, Jarrón, Cáñamo, Cucarachas y algunos más.
Clima 
Es mediterráneo con tendencia a continental. Caluroso y de bajas temperaturas en la zona de la sierra y bastante más suave pero con fuertes calores durante el verano en la campiña. 
Parte del Parque Natural de la Sierra de Cardeña-Montoro se localiza al noreste de la provincia en la proporción de Cardeña, 60 por 100 y Montoro el restante 40 por 100 de la superficie. La sierra ocupa el 66,5 por 100 y la campiña el 33,5 por 100 del término. Algo más de la mitad de la tierra de labor se dedica al cultivo del olivar, correspondiendo el resto a pastos, monte, bosque y siembras y algunos olivares en la campiña.
Vista del pueblo de Montoro nevado.
Recursos naturales y economía 
El 80 por 100 de las tierras labradas se dedican al olivar, su principal fuente de recursos económicos, cultivo que se remonta a tiempo de los fenicios, y, sobre todo, a los romanos, y el resto a cultivos como el trigo, girasol, maíz, algodón, en la zona Sur, y huertos que se concentran en las márgenes del Guadalquivir. Se contabilizan 2.040.000 olivos en la sierra y 500.000 en la campiña, existiendo 9 almazaras que molturan cerca de 32 millones de kilos, que generan más de 6 millones de kilos de aceite. 
El sector servicios representado por los talleres mecánicos es el que proporciona más trabajo, entre otras causas, por sus magníficas comunicaciones, pero la industria tradicional como hemos visto es la agroalimentaria y la metalúrgica, centrada casi exclusivamente en la fabricación de maquinaria aceitera. 
Alguna que otra empresa de carácter familiar que trabaja la típica piedra molinaza, el hierro forjado y el cuero, sin olvidar la producción navideña de los riquísimos mazapanes y más recientemente la artesanía de la miel, conforman el tejido productivo montoreño. En la actualidad, los hermanos Mohedo, se dedican a la confección de botas, zapatos, zahones, bolsos, fundas de escopeta, etc. en piel de vacuno. En el taller situado en "La Redonda", la familia Ramos trabaja el hierro forjado con una clara finalidad decorativa, fabricando mesas, lámparas, faroles, camas, etc. También en la calle Corredera pervive un negocio familiar dedicado a la elaboración de productos del esparto y de la pleita. 
Desde hace sólo unos años, funcionan en Montoro algunas empresas dedicadas a trabajar la piedra molinaza, que tanto abunda en las casas y "caserías" de la sierra. Otra actividad generadora de riqueza es la caza, contabilizándose más de 28.000 has. de cotos en la sierra y desde hace un tiempo a esta parte un incipiente turismo propiciado por su riqueza arquitectónica y paisajística.
Vista parcial de Charco Novillo, en el término municipal de Montoro.
Demografía
En cuanto al censo poblacional, los primeros datos demográficos se refieren al siglo XVI, cuando Montoro tenía alrededor de 4.300 habitantes manifestando una notoria expansión en el período 1530- 1580, aunque las tres grandes epidemias del siglo XVII mermarían su población. 
En el censo mandado hacer por Felipe V (1718) Montoro contaba con 4.850 habitantes y su crecimiento posterior será realmente grande, pues a mediados del siglo XVIII se le calculan 6.288 habitantes, que pasarían a ser 14.000 en 1840 y que se mantendrían en torno a los 13.000 en lo que resta de siglo. En el primer tercio del siglo XX, se produce un importante aumento de población: 14.581 habitantes (1900) 15.144 habitantes (1910) y 18.140 habitantes (1920) el momento de mayor esplendor demográfico, produciéndose a partir de entonces un descenso progresivo. Estos son los datos: 15.923 habitantes (1930) 15.396 (1950) 14.950 habitantes (1960) 11.928 habitantes (1970) 11.246 (1975) 10.046 habitantes (1980) 10.020 (1985) 9.958 (1990) 9.774 (1995) 9.457 (2000). 
A comienzos del siglo XXI, en el censo dado a conocer (2001) Montoro contaba con 9.445 habitantes. Actualmente, la población de Montoro se halla estabilizada. Cuenta en torno a los 9.500 habitantes, sin que haya vuelto a alcanzar nunca el momento de mayor esplendor demográfico, 18.000 habitantes en el año 1920.

Dotaciones
En el plano de la enseñanza y la educación, el municipio dispone de 4 colegios de enseñanza primaria; un Centro de Formación Profesional, un Instituto de Enseñanza Secundaria, un Centro de Educación de adultos; y un Conservatorio de Música, arte por el que este pueblo siente una gran afición hasta el punto de haber contado, especialmente, en tiempo pasado, con una de las mejores Bandas de Música de la provincia. 
Museo Pintor Rodriguez Luna de Montoro
También cuenta con un Teatro Municipal. En el ámbito museístico, la dotación está constituida fundamentalmente por el Museo del pintor local Antonio Rodríguez Luna, único museo de arte contemporáneo de la provincia, próximo a las últimas tendencias del expresionismo, localizado en la preciosa ermita de San Jacinto, el Museo Arqueológico Municipal, en el marco incomparable de la antiquísima iglesia de Santa María de la Mota, el Museo del aceite, en la antigua Casa Tercia y el Museo de la Semana Santa y de la Agrupación de Cofradías en la vieja y rehabilitada iglesia de Santiago.

Ocio y recreo 
En materia de ocio y recreo, el pueblo es deficitario en cuanto a zonas verdes pues tiene un único paseo, el de la Virgen Gracia, que se construyó siendo alcalde mayor Antonio E.Gómez, y un Parque periurbano distante 1,7 kilómetros del centro de la ciudad, en los Chinares, muy próximo a la Huerta de la Isla, en cuyos terrenos se ha construido en los dos últimos años un Arboretum y un Aula de Educación Medioambiental..

Equipamiento hotelero y alojamientos rurales 
--Hostal Restaurante Montoro. Establecimiento sito la autovía de Andalucía (antigua N-IV) kilómetro, 357. 
--Hotel Mirador de Montoro. Entrada por la avda. de Andalucía núm. 36 
Está situado en el Cerro de la Muela, asomado al Realejo y al río Guadalquivir, ofreciendo una soberbia panorámica. Las obras y la puesta en funcionamiento del hotel se prolongaron cerca de 20 años. Inaugurado y abierto al público en el año 2007. Montoro ya cuenta con una aceptable red de alojamientos rurales de promoción privada, en casi todos los casos, molinos que han sido rehabilitados y acondicionados para tal menester, como los que siguen. 
-- Casa Maika. Alojamiento rural. Se localiza en la calle Salazar, número 21, en el que fue antiguo Colegio de los Parvulitos, regentado por las Hermanas de la Caridad. Inaugurado en octubre de 2004. 
-- Casa Rural Colores. Carretera de la Fuensanta, km. 1 
-- “La Colorá”.Alojamiento rural. Carretera de Adamuz-Montoro, CP-414, actual A-3000, km. 9 (“Casillas de Velasco”) 
-- Lagar Vegueta Vallejo. Carretera Montoro-Cardeña, km. 15. 
-- Finca La Deseada. Carretera Montoro-Cardeña, km. 12. 
-- Cortijo “Molino de San Juan”. Carretera Montoro-Cardeña CO- 5101, km. 12. 
-- Lagar “Paño Fino”. Carretera de la Fuensanta, km. 4. 
-- Lagar de Camacho, Carretera Montoro-Adamuz, CP-414, actual A- 3000, km. 1. - “Molino Viento”. Alojamiento rural. 7. En la Fuensanta.
- Hotel Restaurante “Molina Plaza”.Carretera N-420, km. 9, salida 58. 
-- Hotel “Molino La Nava”. Carretera Montoro-Cardeña, CO-5101 
Montoro cuenta asimismo con una diversidad de restaurantes y bares:
--Restaurante Jardinito 2. Carretera Madrid-Cádiz, km. 357 (Vía de servicio)
--Restaurante La Primera. Avda. Dr. Fleming, s/n
Restaurante El Palomar. 
-- Restaurante Círculo Primitivo. Plaza del Charco, 22. 
-- Bar Casa Yépez. Plaza del Charco, 4. 
-- Bar Imperio, en la calle Corredera, 
-- Bar Cafetería Vértice, en la avda.de Cervantes, 
-- Bar Restaurante La Primera, junto a la autovía de Andalucía. 
-- Restaurante Entrada, en el Polígono Industria Camino de Morente, 
muy próximo a la autovía de Andalucía. 
-- Restaurante El Palomar. 

-- Restaurante Los Monteros, en el pago del Madroñal 

Fiestas
Entre sus fiestas destacan la Semana Santa, declarada de interés turístico nacional de Andalucía desde 1998, la romería de la Virgen de la Fuensanta (“Veleras”) copatrona de Montoro, que tiene lugar el último domingo de abril, el concurso de cruces, en el mes de mayo, las verbenas de Santiago (25 de julio) Santa Ana (26 de julio) y San Bartolomé (24 de agosto) con la suelta de la “Diablilla”y la feria de la Virgen del Rosario (7 al 12 de octubre). 
En cuanto al capítulo de tradiciones y fiestas, destacar, por encima de cualquier otra, la Semana Santa, mezcla de fervor y tipismo, una de las más relevantes de la provincia y, con toda seguridad, la expresión más acabada del sentir de las gentes de Montoro, que más identifica a unos con otros y que acapara el quehacer de los montoreños a lo largo de todo el año.
Carrerilla de Ntro. Padre Jesús Nazareno en la calle Córdoba
Religiosidad popular, colorido, tipismo...., todo ello a flor de piel, pero, en nuestro caso, realzado por ese soporte insustituible que prestan las calles, las plazas y cada uno de los rincones que configuran el tan singular como increíble espacio urbano en que nos movemos y somos. Por lo que respecta a las costumbres, la más significativa, al menos, hasta mediados del siglo pasado y que de un tiempo a esta parte parece haber perdido algo de fuerza, estaba relacionada con la recogida de la aceituna. 
Los jóvenes aceituneros se iban de “lagareo”, que consistía en visitar al término de la dura faena los lagares colindantes en los que se bebía, bailaba y cantaba con otras cuadrillas, siendo especialmente festivo el 20 de enero (San Sebastián), el llamado “día del santo” con bailes en lagares y ventorrillos.

Danzas 
Entre las danzas, cabe destacar las jotas fanegueras y un baile típico de Montoro, casi extinguido, el “punta y tacón”, cuyos orígenes se desconocen, que ofrecía la particularidad de no ser un baile popular, sino, antes al contrario, de salón, y que ejecutaban los señoritos durante los días de Carnaval.

Gastronomía 
De los productos obtenidos principalmente en la sierra, gracias al buen hacer de nuestros antepasados, se han conservado espléndidas recetas y platos típicos. Los más conocidos son el "joyo" molinero, bien como desayuno o como almuerzo, en este caso, acompañado de aceitunas aliñadas, rábanos y bacalao seco; el "ajo sopeao"; los faisanes (setas de jara o jaguarzo) asados o en tortilla; el salmorejo; las migas con tropezones; las "papas en coña"; el arroz con zorzales; la tortilla de espárragos serreños o trigueros; el marrueco, variedad de calabaza que se fríe, se tritura con ajos y se le añade vinagre; los faisanes asados o en tortilla, variedad de setas que solo crece a los pies de la jara y el jaguarzo; la tortilla de collejas; las vinagreras, etc. 
Elaboración tradicional de los mazapanes de Montoro en "La Logroñesa"
Como postre los mazapanes de "La Logroñesa", de renombre internacional, así como otros elaborados con la exquisita miel de la sierra montoreña. En tiempo de Semana Santa es tradicional elaborar en las casas, los pestiños, las magdalenas y las torrijas.


EL SINGULAR URBANISMO DE MONTORO 
No descubro nada nuevo si sostengo que Montoro es un pueblo de una gran riqueza monumental ni tampoco si traigo a este lugar algunos párrafos que ya dejé escritos hace varios años. Las características fundamentales habría que sintetizarlas así: su adaptación al terreno en que se asienta y que condiciona totalmente su estructura y expansión. 
En Montoro, las calles y las plazas, que albergan monumentos y construcciones de toda índole, son los mejores testigos de la huella indeleble que dejaron nuestros antepasados, que, en cierta medida aunque se podría haber hecho bastante más hemos sabido respetar y conservar y a cuyo empeño irrenunciable todos, poderes públicos y ciudadanos, estamos llamados a contribuir con el esfuerzo que sea necesario.
Se ha dicho, con toda razón, que el principal monumento de Montoro es el conjunto urbano en sí mismo (siglos XVI XVII y XVIII) casas populares históricas en la periferia del núcleo histórico y casas populares en área de expansión (Retamar y zona Sur) de los siglos XVIII y XIX. Emplazado sobre una topografía muy quebrada, en varias elevaciones sobre el río Guadalquivir, ocupando el meandro que forma y que lo abraza, y conjugando a la perfección los colores rojo de la piedra molinaza, blanco de la cal y verde de las plantas, forma un armonioso conjunto cuya contemplación provoca gran placer y deleite. 
Río Guadalquivir a su paso por Montoro
Las plazas y las calles y hasta el propio río Guadalquivir, que alguien acertadamente ha venido a considerar como la principal calle del pueblo, configuran su peculiar morfología urbana y son los elementos que, junto con los monumentos, y en perfecta simbiosis con una singularísima arquitectura, le confieren su fuerte personalidad. 
Pero la indudable belleza de las plazas no admite parangón, siquiera sea por el tipismo, con la de sus calles, muchas de las cuales, por cierto, ofrecen como fondo un mar de olivos. Su trazado laberíntico, que denota, entre otros, su indiscutible origen árabe y su increíble adaptación a una dificultosa orografía ponen la nota de encanto que, desde el primer instante, cautiva a todo aquél que sabe mirarlas y pasearlas.
Desde los cuatro puntos cardinales, Montoro ofrece un subyugante panorama. Es un pueblo blanco incrustado en rojos, con sus casas apiladas sobre cinco colinas rocosas. Arquitectura de casas cuidadosamente superpuestas, casas en cascada y casas colgantes, tejados y terrazas en escalonada caída. Sinfonía de la cal y del rojo de la molinaza que se refleja en el espejo del río bajo el vigía atento de su dominadora torre bermeja que con sus 43 metros de altura pica ansiosamente hacia el cielo.
Y ya dentro del corazón de la ciudad, la confirmación de ese descubrimiento. El caserío se acomoda al espacio de las laderas. En los distintos niveles de pendiente se disponen escalonadamente plazas y calles -estas, en muchísimos casos, con los típicos poyatos, sabia solución arquitectónica que, salvando grandes desniveles, permite a sus moradores el acceso a las viviendas- y el abigarrado conjunto de casas blancas, salpicado aquí y allá por el rojo de la molinaza, que parece tener prisa por encontrarse con el padre río.
Estamos en presencia de un urbanismo sui generis, que muy recientemente, un excelente amigo ha calificado de anárquico, reñido con el tiralíneas, que hace perder la noción exacta de calles y bocacalles, pura madeja de quebradas aristas, ensanches, angosturas, desniveles y poyatos. 
Calles empinadas, tortuosas, estrechas, irregulares y de trazado inverosímil. Calles breves, mínimas, recónditas y recatadas en las que parece haberse detenido el tiempo. Calles zigzagueantes, intrincadas y quebradas. Calles empedradas, adoquinadas o con losas de asperón. Calles siempre blancas que alternan la construcción popular de mampostería encalada con casas solariegas de origen señorial enriquecidas con la policromía de la piedra arenisca, el desnudo de la pizarra y el ladrillo que transforman cualquier lugar en un acogedor rincón para el deleite de los sentidos.
Respecto a estas últimas deseo llamar la atención y significar que el patrimonio artístico de Montoro se ha visto notablemente enriquecido con un numeroso conjunto de casas solariegas de los siglos XVI al XIX cuyas fachadas imprimen solera al casco antiguo y lo impregnan de cromatismo y riqueza. 
Una constante que se repite en la inmensa mayoría de ellas es el empleo de la roja piedra de molinaza, típica del lugar, dispuesta en sillares bien labrados, destacando entre los elementos decorativos los escudos y blasones de sus portadas, algunos símbolos cristológicos y marianos y la bella labor de forja de sus balconadas, especialmente, en las casas de los siglos XVIII y XIX.

5 comentarios :

  1. Gracias. Salí de Montoro en Octubre del 58, hasta el 67 regresaba en Navidad y en verano. Desde entonces solo algunas visitas esporádicas, que se han ido alargando en el tiempo. Este y otros de tus interesantísimos artículos me trasladan a esa maravilla que es nuestro pueblo.

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  2. Sali de montoro en el 65 aproximadamente, despues de ver este blog me doy cuenta que quiero volver. Hace muchs años que no vuelvo

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  3. Buenos días. Estoy interesado en obtener una fotografía de un escudo heráldico de un determinado edificio de Montoro. Creo que envié un mensaje en Facebook pero no sé si lo hice correctamente. ¿Podrían ayudarme, por favor?
    Gracais. Carlos Parrilla. Madrid.

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    1. Enviame un correo a la dirección pasionpormontoro@hotmail.es

      Un saludo,
      Pedro J. Delgado

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  4. ORIGEN DEL APELLIDO DE LA FAMILIA “MONTORO”, SU ASCENDENCIA ESPAÑOLA, LA LLEGADA A ITALIA Y LUEGO A LA ARGENTINA.


    Para 1860 Italia estaba dividida en 8 Estados: El reino Sardo -cuyo rey constitucional era Víctor Manuel II, y el primer ministro el conde Camillo Benso de Cavour- estaba integrado por Cerdeña, el Piamonte, Liguria, Lombardía y la Emilia-Romaña. La capital era Turín. Los grandes ducados de Parma, Lucca y Toscana habían votado a favor de la anexión al reino Sardo.
    Austria dominaba aún el Véneto, y la República de San Marino era independiente.
    El Estado Pontificio comprendía el Lacio, Umbría y las Marcas. Su capital era Roma, y el Papa era Pío IX.

    El Reino de las Dos Sicilias comprendía la Campania, Abruzzo-Molise, Apulia,Calabria y Sicilia.Su rey era Francisco II de Borbón, y su capital Nápoles.
    La Calabria estaba dividida en tres partes: La Citra, la Ultra I y la Ultra II

    1 Calabria Citra
    Cosenza

    12 Calabria Ultra I y Calabria Ultra II
    Reggio y Catanzaro respectivamente



    Los antiguos reinos de Sicilia y Nápoles estaban ligados a la Corona de Aragón desde los siglos XIII (con Carlos I de Anjou en 1259 ), y XV respectivamente, hasta el siglo XIX

    Fue gobernado por una rama de la Casa de Borbón española,
    Fernando I de Aragón rey de Sicilia en 1412
    Alfonso V de Aragón (en Sicilia Alfonso I) ‘el Magnánimo’ fue Rey de las Dos Sicilias entre 1416 y 1458

    Mas tarde Carlos III de España, (él mismo rey de Nápoles y de Sicilia como Carlos VII.)

    A la muerte de su hermano Fernando VI de España, Carlos cedió el trono de Nápoles-Sicilia a su hijo Fernando (IV de Nápoles y III de Sicilia) en 1759 para poder ceñirse la corona española

    En Palermo, la noche del 3 al 4 de abril de 1860, Garibaldi desembarca en Sicilia con sus mil "camisas rojas" para liberar la isla del dominio de los Borbones (Francisco II nieto de Carlos). Gracias a la victoria obtenida en la batalla de de Volturno, el ejército borbónico se ve obligado a emprender la retirada.

    Tiene lugar entonces un encuentro entre Garibaldi y el rey Víctor Manuel II de Saboya, al que Garibaldi reconoce como rey de Italia y al que, generosamente, entrega el Reino de las dos Sicilias, arrebatado a los Borbones, dejando de existir el Reino de las Dos Sicilias como estado independiente.

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